SERVIR

La acción suprema del ser humano es SERVIR.

¿Y qué es “servir”?

Servir es vivir plenamente, porque implica dar de uno mismo a los demás desde el corazón.
Es una acción que emana del espíritu, de nuestra esencia.

La madre Teresa decía: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.

Confundimos servir con servilismo; muchos asocian el servir con humillación.

Otros lo asocian con actividades denigrantes,
propias de personas de bajo nivel socioeconómico,
y suelen menospreciar la acción misma de servir
conjuntamente con la persona quien la ejecuta.

¡Cuán confundimos estamos en relación con esta palabra y con la acción que implica!
Todo trabajo que realizamos conlleva el servicio.

¡Es la acción suprema del ser humano!

Nada, absolutamente nada, debe ser hecho
sin tener en cuenta que en ello va un pedacito de nuestro ser,
porque sale del corazón y ponemos amor en ello.

Si no es así, no sirve… no tiene mérito alguno.

Cada trabajo que se realiza se hace para alguien… y/o para uno mismo.

¡Piensa por un momento!
¿Qué haces tú en la vida?
¿Para qué sirve lo que haces?
¿A quién le sirve lo que haces?

Las respuestas te conducen inexorablemente a la verdad
de que no importa el tipo de trabajo que desarrolles,
a qué nivel, ni cuánto te paguen por ello,
siempre conlleva implícito el servicio a los demás.

Hay que partir de la “endocalidad”;
¡Desarrolla primero tu SER!

Honra la Chispa Divina que eres, primero y antes que nada.

Desarrolla los dones, cualidades, aptitudes y virtudes que Dios te ha dado,
porque la combinación de ellos es única en cada ser
y está dirigida a cumplir con El Propósito de Vida o Plan Divino individual…
y siempre con el fin supremo de ponerlos al servicio de tu entorno.

Cuando comprendemos esta verdad,
entonces decidimos a conciencia renunciar para siempre a la mediocridad
y damos lo mejor de nosotros en cada acción,
en cada trabajo realizado y, con ello,
cumplimos con nuestro fin supremo.

Las ganancias que como consecuencia obtenemos nos llegan por añadidura,
mas nunca debe ser el foco o el objetivo.

Hay una graciosa frase anónima que dice:

“Sólo quien sirve, sirve; quien no sirve, no sirve.”
¡Y es así!
¡Sólo tú decides servir… o no servir!

Por Gisela Echeverría G.

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