La Humildad

Sobre La Humildad

Seamos humildes para alcanzar la sabiduría,
y más humildes aún cuando la hayamos alcanzado.

Una de las cosas más importantes que debemos desarrollar en nosotros
es el sentimiento y la actitud de humildad.

Ser humildes significa comprender que somos capaces de equivocarnos.

¡Y qué importante es esto!
En estas épocas que vivimos,
es común encontrarse con personas que,
creyendo poseer una gran espiritualidad,
se sienten diferentes del resto y se convierten en víctimas de su propia soberbia.

Quien carece de humildad
generalmente provoca en otros
dudas y desconfianza.

¡Intentemos ser cada vez mejores!
Hagamos lo posible por llegar a ser lo más parecido
al ideal de persona que hemos concebido.

Y si alguien quisiera vanagloriarse
de que ya ha llegado a un punto muy alto dentro del plan evolutivo,
su actitud seguramente va a generar escepticismo
y difícilmente pueda ayudar a crecer a los demás.

La confianza en uno mismo es un proceso anterior a la humildad.
Una persona con sólida auto-confianza dice:

“Confío en mi; creo que soy capaz de equivocarme;
analizo mis errores y trato de modificar mis actitudes para bien.
Así haré crecer la confianza de los demás.”
Todos necesitamos creer, necesitamos seguir evolucionando.
Por eso no debemos nunca negar nuestros errores
y menos aún culpar o responsabilizar a otros de ellos.
Cada uno de nosotros ha sido dotado de ciertos atributos…

talentos, dones y virtudes,
Si hemos logrado desarrollar alguno más que otro,
o sobresalir gracias a ciertas destrezas,
eso no nos autoriza para sentimos superiores a los demás.
Que valoricemos demasiado una virtud propia
seguro que va a introducir un desequilibrio en nuestros actos
y podemos quedarnos esperando infructuosamente un reconocimiento.

Ser humilde es comprender que cuando las cosas no marchan bien
puede ser señal de que no estamos haciendo algo correctamente en nuestra vida.

Ser humilde significa responder al requerimiento de los otros,
significa no tener demandas con los demás;
es saber escuchar,
es respetar el silencio.

Es recibir de otro cualquier favor o un elogio sin creernos superiores.
Ser humilde es dar valor a lo pequeño.
Es darse tiempo para aclarar los malos entendidos.
Es aceptar lo que nos pasa que no nos agrada
sin buscar las causas en algún extraño fenómeno exterior.
Es agradecer en todo momento la dicha y la felicidad,
aunque sólo la alcancemos en algunos momentos.

¡Cuánto debemos aprender de aquellos que hacen su trabajo en silencio
sin alardear de sus éxitos!
Cuanto respeto deben infundirnos ellos…
Dejemos de creernos lo que no somos
porque nos convertiremos en seres insoportables
y viviremos inmersos en un mar de conflictos.

Sólo veremos a Nuestro Padre-Madre Amor en todas las cosas
cuando seamos humildes ante su grandeza…
y muy especialmente ante la nuestra.

Autor: Desconocido

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