DIOSIDENCIAS

Muchas personas sueñan con tener oportunidades,
otras las piden en sus oraciones constantemente.
Otras más las envidian en sus semejantes
al verlos disfrutar de las oportunidades que la vida les ha dado
y se entristecen y deprimen preguntándose
por qué a ellos no les llegan tales ocasiones de ‘buena suerte’.
¡Qué casualidad! dicen éstos…

¡Qué afortunada coincidencia se le ha presentado a esta persona!
¿Por qué no a mí?
Yo pertenecía al grupo que rogaba a Dios para que me diera oportunidades,
aquellas que yo consideraba merecía por mi esfuerzo, tesón y empeño,
porque ‘mi buen comportamiento’ así debía ser correspondido y recompensado…
Hasta que un día comprendí que yo no necesitaba pedir oportunidades,
que ninguna persona tiene por qué pedirlas,
sencillamente porque ellas siempre están allí, frente a nosotros.
Vienen y van a lo largo de nuestra vida,
paseándose muchas veces por nuestras narices.

Pero muchas veces ni las vemos.
O nos damos cuenta de que ellas han estado allí,
pero que ya es tarde porque ya se han ido.
Las oportunidades se nos presentan en forma de ‘hechos casuales’
que pertenecen a una cadena de sincronía perfecta
alineada con nuestro Plan Divino o Propósito de Vida.
Sabemos que las casualidades no existen,
que cada cosa que sucede tiene una razón de ser
y que nos corresponde abrir bien los ojos y darnos cuenta de ellas.
He sustituido la petición de oportunidades en mis oraciones
por la solicitud de ampliar mi estado de conciencia
para poder verlas oportunamente en cada momento de mi vida.

Percibir esas coincidencias que una ingeniosa mente ha bautizado como ‘Diosidencias’.
¡Tal cual!
Esas ‘coincidencias’ que Dios pone en nuestro camino
para nuestro crecimiento personal, profesional, espiritual…
y a las que tantas veces hemos dado la espalda.

¡No tenemos que pedir NADA!!!
Lo que tenemos es que despertar, abrir los ojos, tomar conciencia
y ver más allá de lo evidente.
Y agradecer cada día al despertar y cada noche antes de dormir
todas las Diosidencias que llegan a nuestra vida.
La elección de aprovechar cada oportunidad pertenece a cada persona y a nadie más.
La responsabilidad de las consecuencias por las oportunidades que se pierden
es sólo propia de cada quien.

Por Gisela Echeverría G.

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